Trúchicos despórticos carambólicos.

Leyendo un libro de Anderson Imbert, me encuentro con la idea de cuento resumido y cuento escenificado. Para que los conoceptos estén menos borrosos en mi mente, escribí un pequeño relatillo. La primera parte es cuento resumido y la segunda, cuento escenificado. La diferencia está en que en la primera parte, el narrador presenta una la acción destilada, y en la segunda, nos muestra la acción misma.

Tras desembolsar cien talentos, Darío cogiome traviesamente dos centrifugadoras tenebrosas. Date cuenta, taimada dueña, que terrible decisión cometí. Trescientos dinares, ¡Calígula!, tropecientos debí conseguir. Triste decisión, ciertamente.

Teniendo dos centrifugadoras tenebrosas, Darío conquisto tierras, dominó comarcas. Todo despacito, con taima. Después, coronose tzar.

Día concurrente, terrible desgraciada calamidad: tullido desvalido quedé, tras dejarme ciego trúchicos despórticos carachimbólicos. Tuviera dos centrifugadoras, tóntico despórtico consideraría torpeza desobedecerme, contrariarme.

Tras dejarme ciego trúchicos despórticos carachimbólicos, terminé decidiendo conducirme tercamente dónde quedaba tzar Darío. Conseguí tardía diurna conversación tener:


-Dos centrifugadoras tenebrosas díte; coronáronte. Tienes, Darío, que tener deferencia con tu desdichado comerciante.
-Tiemblas - dijo cuidadosamente - tranquilizate. Dime, ¿cómo te debería, comerciante, tratar?
Debidamente. ¡Con tus dos centrifugadoras tenebrosas debes cárgate trúchicos despórticos carachimbólicos, tzar Darío! - contesté.
Templanza demuestras - continuó. ¿Tú desearías conmigo trabajar?
Despacito, con tristeza, decliné.
-Córtele, teniente, despacio, cada tobillo; declinar cuesta.

Tartamudee: "do-dolor". Caí. Tánatos debió cosecharme.

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