Un soneto de Góngora: Mientras por competir con tu cabello

Mientras por competir con tu cabello
oro bruñido al sol relumbra en vano,
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente al lilio bello;

mientras a cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano,
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello,

goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o vïola troncada
se vuelva, más tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

Soneto perfectamente endecasílabo, si aceptamos una sinalefa y una azeuxis en el segundo terceto (só.lo/en, pla.tao, o viceversa), con rima ABBA, ABBA , CDC, DCD. Escrito por Luis de Góngora (1561 – 1627), indeleble en la cultura popular por sus poemas inentendibles, y antecedido en algunos siglos por el siguiente poema de Garcilaso de la Vega (1539 – 1616):

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
en clara luz la tempestad serena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.

Algunas similitudes entre ambos poemas son la relación entre oro y el cabello de la amada, la comparación floral, la breve mención del exquisito cuello, la exhortación a la amada a aprovechar su juventud anted de que esta se desvanezca, y la distancia entre el poeta y el objeto de sus amores, en caso de Garcilaso según mitificación popular de su relación con Isabel Freyre, y en caso de Góngora asumida por ser Góngora tanto feo con rabia como posteriormente miembro del clero.




Ambos poemas tratan los mismos temas, los mismos tópicos, e imágenes similares. Están disparados desde el mismo punto de mira. Este lector cree que son manifestación del mismo soneto platónico. Y en este momento, sentimos celos de otro par de poemas: Ozymandias, que son más conocidos, tal vez por estar escritos en inglés, pero no por ser más interesantes.

Y en tanto que ambos poemas son el mismo poema, yo leo el poema de Góngora como un desafío; como un reto, como una pregunta: ¿puedes igualarnos? ¿puedes tú también instanciar este poema? Y la respuesta es que hasta ahora, no he podido. ¿Por qué? Una posible respuesta es que no llego, que no me da. Que me falta alguna patatina para el kilo. Y esto, sin duda, tiene algo de verdad.

Otra respuesta es que los poemas resuelven un problema que ya no existe, con herramientas demostrablemente ineficaces, desde una posición de escasez. No es solo ya que la convención poética de pretender que la amada tiene ojos azules, piel delicada y, en especial, cabello dorado, hoy se lea como anacrónica. Más de eso, en general, las damas de mi generación cogen el fruto de su alegre primavera, y saben gozar de su cuello y de sus labios, con menos ceremonia.

Y, así, las preguntas que me intrigan no son tanto si una potencial amada quiere coger los frutos de su alegra primavera, sino si los quiere coger conmigo. Y, si la amada dice que sí, ¿qué se necesita para una relación harmoniosa?¿qué potenciales dificultades nos podremos encontrar por el camino. y cuáles son las más frecuentes? Y, ¿qué voy a hacer, si la respuesta es un no? ¿Flagelarme, crecerme la nariz, pasarme cuarenta años escribiendo sonetos y guerreando por el reino de España en el extranjero? Y así, me salen sonetos más mordaces, más mundanales, y menos solemnes: