Tres divagaciones cortas



Cualquier tema, si repetido, aburre, y los temas importantes para el mundo no son una excepción; ¿por qué habrían de serlo? Y, como los temas importantes, por el hecho de ser importantes, se repiten mucho, terminan aburriendo. Pero además, lo que respecta a estos temas, hemos llegado a tener una pequeña grabadora que nos dice la opinión aceptada socialmente, y al hablar de ese tema, simplemente la encendemos y damos un paso para atrás.

Y lo peor es que esa pequeña grabadora suele tener razón, tal vez porque recoge las reflexiones de personas que han dedicado más tiempo y más esfuerzo a pensar sobre esos asuntos relevantes. Pero, he llegado a un punto, tras oír y leer siempre lo mismo, que encontrarme otra copia me irrita intelectualmente.

Así, últimamente me encuentro leyendo a personas inteligentes cuya visión del mundo no comparto. Por ejemplo a E. Milco. Encuentro que leer textos de su blog me estimula. Tengo la certeza de que es homofóbico, pero a estas alturas me da igual, porque es original, y además en ocasiones tiene pequeñas joyitas, como su análisis de Harry Potter, reflexiones, etc. He llegado a un punto en el que prefiero a un demonio inteligente y estimulante que a un angelito aburrido y bueno.

Esto no significa que me esté pasando al lado oscuro, al menos no todavía. Sí significa que necesito ideas interesantes con las que ocuparme. Aunque últimamente he estado pidiendo pensamientos interesantes por mis círculos de amigos, el intento no ha tenido mucho éxito.

Para concluir, si tienes un pensamiento interesante, te ruego que lo compartas; mi estabilidad mental te lo agradecerá.




Tal vez tras leer la primera parte puedas pensar, prudente persona, que soy malvado. Al fin y al cabo, al tratar asuntos importantes lo natural sería aguantar las molestias y hacer el mundo un lugar mejor. No es tan sencillo.

Si hacer un acto generoso implica una molestia, mi mente entra en conflicto. Tengo la preferencia de quitar todo tipo de molestias de mi vida, y la metapreferencia de dejar el mundo un lugar mejor tras mi muerte. Normalmente el lobo blanco gana, pero no obstante, cuando estoy cansado o estoy desanimado, o cuando tengo sueño, no soy tan bueno.




He estado pensando mucho acerca de esto, y he obtenido una idea interesante: Si consigo asociar una sensación de placer a hacer el bien, la tensión desaparece. Así, tendría que o bien darme una pequeña recompensa cuando hago algo bueno, o bien buscar actividades altruistas que me motiven.

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