La caja china

¿Qué es la suma? La suma es un procedimiento matemático, en concreto una operación (del español operación). Siendo más específicos, la suma es, digamos, una forma de adición; dados dos números el resultado de sumarlos es un tercero tal que, si le es restado el uno es obtenido el otro y viceversa. La resta es, como es por todos conocidos, la operación inversa de la suma. 

Entre las propiedades de la suma encontramos la propiedad conmutativa y la asociativa. El siguiente paso lógico a la suma es la multiplicación, que también es una operación, y ambas operaciones comparten la propiedad distributiva, es decir, la suma es distributiva repecto de la multiplicación. Aunque ambas operaciones fueron descubiertas en la Antigüedad, no fueron afinadas hasta el s. XIX, con el descubrimiento por parte del matemático Peano de la noción clave de 'sucesor'.

Y si alguien no supiera qué es la suma, entonces podría confundir los dos párrafos anteriores con conocimiento e incluso producir algo similar y considerarlo, ufano, valioso. Pero a pesar de no tener el ejemplo errores flagrantes, y como nosotros sí sabemos intuitivamente que és la suma, se huele quel proceso pedagógico que hubiese producido ese texto hubiera sido lamentable y quel diploma que dicha pedagogía certificase carecería de valor, pues el estudiante no captura un concepto ni posee intuiciones, sino que ha producido, a lo sumo, una elegante ofuscación.

Imaginemos ahora el siguiente escenario: Un estudiante se sienta delante de un examen, saca un libro, y en función de la pregunta va al capítulo relevante y copia el texto adecuado. Así, si se le pregunta el Tema Θ: La Ética de Kant transcribirá muy minuciosamente ciertas palabras ya prededeterminadas. Y entonces nos preguntamos, ¿dónde está, si es que está, el conocimiento sobre Kant? Una posible respuesta sería que está en la mente del corrector; sólo él entiende qué significa 'ética autónoma' y al estudiante le sería indiferente si en vez de 'ética autónoma' el libro pusiera 'moscardón adiabático'

Postulemos ahora una estudiante que en vez de transcribir escriba, o que transcriba entendiendo. A nivel del corrector no hay diferencia entre el uno y el otro, el entender no produce un perfume especial ni trasciende hacia el corrector a través de la estilización de la letra. Porque si sólo tenemos las palabras no sabemos si han sido escritas por Pierre Menard, por Borges, porCide Hamete Benengeli o por Cervantes y por tanto no se puede medir con unos burdos temas prescritos si una mente tiene ángel. 

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