Intertextualidad

Las bolas de billar de la marca Gruf tienen una masa de 100g ± 5g. Moviéndose sin rozamiento, una bola de billar de 95g (medida con una balanza de error despreciable) de velocidad inicial 2,00 m/s entra en choque totalmente elástico con una bola de 105g (medida con una balanza de error despreciable), tras el cual se queda parada ¿Con qué velocidad sale disparada la segunda bola?

a) La causalidad, la sustancia y el yo, según Hume, son sólo creencias, puesto que, de hecho, jamás tengo experiencia de ellas. Si me atengo sólo a la experiencia, debo decir que el yo se me aparece como un haz de sensaciones, un puro fluir de actos de conciencia y no como un yo único sustancial. La idea de sustancia, por su parte, se disuelve en sensaciones que nosotros agrupamos espacio-temporalmente. Locke había dicho que la sustancia es incognoscible; Hume va más allá y dice que la idea misma de sustancia es ilusoria y no designa más que una creencia o una mera conjunción de sensaciones. Consideremos, por ejemplo, la sustancia «silla». En realidad, no tengo experiencia de ella. De lo que tengo experiencia es de una serie de sensaciones que se anudan espacialmente. Situadas espacialmente arriba, abajo, detrás, etcétera.Y temporalmente —antes, después, et-cétera— en la idea de «silla».Y en cuanto a la causalidad, no es más que una sucesión de fenómenos que, por hábito, tendemos a consi-derar necesaria. Cuando percibo que al fenómeno A le sigue una y otra vez el fenómeno B, tiendo a pensar que A es causa de B.

La causalidad se piensa como una conexión necesaria entre dos o más fenómenos, el antecedente es la causa y el consecuente efecto. Al hablar de conexión necesaria, esto implica que dada la causa se sigue inevitablemente el efecto. Si consideramos lo que ocurre cuando una bola de billar golpea a otra y ocasiona su desplazamiento, vemos que percibimos el movimiento de la primera bola y del contacto físico entre ambas el desplazamiento de la segunda, e inferimos la relación de causa y efecto, pero no tenemos experiencia de dicha relación. Sólo podemos afirmar la sucesión temporal y la continuidad espacial, pero la causalidad no: apenas es una creencia apoyada en el hábito. Este problema de la causalidad está inmediatamente ligado al problema de la inducción. Por el hecho de que observemos un cisne blanco, diez cisnes blancos, o mil cisnes blancos, no podemos concluir en sentido estricto que todas estas aves son blancas. De modo que la inducción es un método que tiene un gravísimo problema con respecto a su fundamentación. De hecho, todo intento de justificación de la inducción parte del principio de regularidad de la naturaleza, que a su vez ha sido obtenido inductivamente. 

Obviamente, este análisis de Hume desemboca en un escepticismo radical. Todo el conocimiento científico se apoya, según él, en meras creencias. Las únicas certezas que me son permitidas son, por un lado, las que derivan de la descripción de mis impresiones y su re-lación con mis ideas, y por otro, las que se manifiestan en las relacio-nes cuantitativas de las matemáticas. (Fragmento extraido de La aventura del pensamiento, de Fernando Savater)

Así, los planteamientos de Hume nos revelan que las asunciones de la pregunta son incorrectas, y por tanto dar una respuesta es imposible.

b) Por la ley de conservación del momento, m1 . v1 = m2 . v2  v2 = (m1 . v2) / m2 = (95g . 2m/s) / 105g = 1,81 m/s

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